Pakistán ¡permiso! ¡qué cruzo Baluchistán!

La última vez que anduve por este blog dejé mi relato a las puertas de Pakistán, en Taftán Border. Venía de Zahedan, en Irán, y me disponía a cruzar el Baluchistán para llegar a Lahore, el único camino posible para llegar a la India viniendo desde Europa.

Sobre Fronteras

Cuando llegué a este punto del viaje, ya estaba curtida en pasos fronterizos, pero tengo que reconocer que, desde que salí de Madrid en septiembre de 2019, cruzar fronteras, hasta las más imperceptibles, siempre me ha producido entre desasosiego e ilusión.

Las he cruzado de todos los tipos, algunas, simples líneas imaginarias entre países, mientras que otras eran profundas cicatrices -de heridas mal curadas demasiadas veces- o auténticos muros de contención. Todas han sido testigo de un más o menos convulso devenir histórico, y todas parecen tener memoria de lo vivido, hasta las de esa aparente área sin fronteras que es el espacio Schengen.

Las primeras, las que no requerían pedir permiso para cruzarlas -léase visado- las viví con la emoción de un país más bajo mis ruedas o la de un país menos para alcanzar mi propósito, dependiendo del estado de ánimo del día en que las cruzaba.

De lo que fueron en su momento las fronteras intraeuropeas -escenarios de cruces diarios y negocios transfronterizos- ya no queda mucho; aunque los territorios y poblaciones que las rodean se me antojaban nostálgicos de esas dinámicas de antaño.

Frontera entre Eslovenia y Croacia

Los territorios transfronterizos de cualquier parte del mundo son lugares difusos -por mucho que se empeñen los cartógrafos, una línea no separa dos mundos- y algo destartalados que te anticipan que en pocos kilómetros vas a cruzar una frontera, y por los que transitas algunos kilómetros después de haberlas cruzado.

 

Las fronteras de Europa

La cosa empieza a ponerse seria cuando llegas a los Balcanes,la frontera invisible de Europa. No para mí, que hasta llegar a Irán no necesité visado para entrar en ningún sitio, pero sí para migrantes, desplazados y refugiados que encuentran entre Bosnia y Croacia -al igual que en la frontera turca- un muro casi infranqueable para acceder a Europa. Muro que habla mucho de las políticas de esa Europa que protegen. Como dice Joaquín Urias:

Lo que está pasando en la frontera Bosnia es el resultado directo del discurso de Salvini en Italia, de Orbán en Hungría o de Vox en España. […] es, simplemente, un ejemplo descarnado de lo que están pidiendo estos partidos: que olvidemos la humanidad de las personas que huyen de la guerra o la miseria y dejemos de tratarlas como personas.

A partir de este punto del viaje, la presencia de personas que huyen de la miseria y la violencia fue una constante en todos los lugares por los que fui transitando, le fui poniendo cara a las cifras que ACNUR nos proporciona cada año sobre población desplazada de sus hogares. Y kilómetro a kilómetro fueron adquiriendo sentido unas palabras de Naguib Mafhuz que resonaban en mi cabeza: El hogar no es el lugar donde naciste. El hogar es donde cesan todos tus intentos de huir.

Baluchis detenidos en la frontera pakistaní cuando intentaban cruzar a Irán

 

Refronterización en tiempos de Pandemia

Escribo esta entrada en tiempos de coronavirus, que no entiende de fronteras pero que nos ha recordado a los pocos afortunados que podíamos movernos libremente por el mundo que eso no era más que una ilusión. De un día para otro, todas las fronteras, sin excepción ninguna, nos han clausurado en nuestro territorio y han recuperado el espíritu con el que fueron concebidas, el de contención; también el de prohibición de entrada, o salida, de personas y bienes no deseables. Preocupa ¿no?

 

En Pakistán

Pero ¡volvamos a la carretera! que es a lo que hemos venido.

La Chiquitina y yo estábamos a punto de entrar en Pakistán, un país que comparte muchas fronteras con otros: Afganistán e Irán al oeste, India al este, y China y el Corredor de Wakhan al norte, y que es uno de los más poblados del planeta; y bastante desconocido para mi en ese momento.

En Taftan Border, frontera Irán-Pakistán

Todo era una expectativa, sabía que para llegar a Lahore tenía que atravesar con escolta la provincia de Baluchistán, pero no sabía ni cómo, ni cuándo, ni con quién. Ni tan siquiera si el final de ese trayecto iba a ser Quetta o Shukur ¡la aventura estaba servida!

Llegué a Taftan Border en un pequeño convoy -dos vehículos de pakistaníes que venían desde Reino Unido y yo- que se conformó en el hotel de Zahedan. Ya teníamos que haber ido escoltados, pero finalmente, y por falta de escolta, viajamos solos aunque ya tuvimos algún que otro control en los escasos 70 kilómetros que teníamos de trayecto.

El cruce de frontera no fue demasiado complejo, a pesar del trae y lleva de papeles y de la incomprensible burocracia propia de estos lugares. En menos de dos horas ya tenía mi pasaporte sellado y ya estaba lista para coger la ruta… ¡qué ilusa! En ese momento todavía no sabía que mi primera noche paquistaní la iba pasar en la frontera…

Trámites fronterizos

 

Cruzando Baluchistán

El Baluchistán es un inmenso territorio -tiene prácticamente la superficie de Francia- atravesado y dividido a la fuerza -con todo lo que eso implica- por las fronteras de Afganistán, Pakistán e Irán.

A simple vista es un erial. De hecho, hay un proverbio pastún que dice que Baluchistán es el lugar al que Dios arrojó los escombros tras la creación. ¡Pero cuidado! que ese erial es una autentica mina, literal, ya que su subsuelo esconde enormes reservas de gas, petróleo, cobre, uranio y oro. Y, como era de prever, no son precisamente los baluchis los que se benefician de la tierra que hay bajo sus pies.

El paisaje casi lunar de Baluchistán

La parte paquistaní, que es por la que yo rodé, es la provincia más grande del país, pero también la más pobre, despoblada y con mayor tasa de analfabetismo y de mortalidad infantil ¡con la riqueza que tienen!

Es un área plagada de violentos conflictos por el territorio, con los vecinos, entre ellos o con Islamabad, es un tablero estratégico donde parece que muchos juegan y poco sabemos de lo que allí sucede -poco de bueno- ya que rara vez el gobierno permite el acceso a la prensa extranjera a la región. Y los periodistas locales, por supervivencia, procuran no intervenir.

La presencia de AK en todo el territorio te recuerda que no debes bajar la guardia en todo el trayecto

Con todo esto, y algunas tensiones más, el gobierno pakistaní está preocupado por la imagen que el país tiene en el exterior, y para evitar cualquier conflicto internacional ofrece una escolta paramilitar a todos los viajeros que cruzan esta parte tan hostil del país.

Como podréis deducir, este cruce fronterizo no es ninguna tontería. De hecho, todos los gobiernos del mundo recomiendan no cruzar este territorio, y la cantidad de AK que hay por todas partes indica que debe de ser por una buena razón

Pero, aunque no fue una travesía fácil, rodar por ese territorio yermo que es Baluchistan a mi me pareció fascinante.

 

En Taftan Border

Como ya os he anticipado, mi primera noche en Pakistán la pase en la frontera, en los cuarteles de los Levies, que son la escolta paramilitar que está a cargo de la seguridad en las áreas tribales de Baluchistán.

El cuartel de los Levies

Era cerca del mediodía cuando ya tenía resuelto mi visado y puesto que ya había suficientes viajeros para organizar un convoy, di por sentado que saldríamos ese mismo día ¡cómo si yo tuviera capacidad de decisión en todo esto!

Pronto me di cuenta de que acababa de abandonar mi estatus de turista para pasar a formar parte de un mundo que me era muy ajeno, el de la vida cuartelaría. A partir de ese momento, y durante los 5 días que siguieron, no tomé ninguna decisión respecto a mi viaje hasta que llegué a Lahore.

Disfruté, por decirlo de algún modo, de mi primera jornada cuartelaria en la frontera con los estupendos compañeros de convoy que me habían asignado, tres ciclistas: una pareja de alemanes y Víctor, un catalán dicharachero que nos hizo la travesía súper agradable.

Nos alojaron en un cuartucho con una alfombra, en la que dispusimos nuestros sacos para dormir esa noche, y compartíamos letrinas e instalaciones – ¡qué instalaciones! – con los Levies, que siempre fueron muy amables con nosotros.

Un día cualquiera en Taftan Border

Pasé la jornada ojiplática, observando todo lo que allí sucedía, la extraña burocracia, el trajín comercial de la frontera, las detenciones de baluchis que intentaban cruzar a Irán… ¡vamos! ¡lo que es allí un día corriente!

Como yo no había previsto nada de lo que estaba aconteciendo, apenas llevaba agua, un par de manzanas y algunas galletitas que había cogido en mi último hotel. Mis compañeros me salvaron la vida, más apaña’os que yo -iban pertrechados de comida, utensilios y camping gas- compartieron su cena conmigo, una pasta que me supo a gloria y que me permitió dormir esa noche con el estómago lleno.

Con mis estupendos compañeros, primera noche en Baluchistán, en el cuartel de los Levies

 

De Taftan a Dalbadín

Nos levantamos temprano y desayunamos con los Levies. A las 8 ya estaba la pick-up cargada con las 3 bicis, los petates y los 3 ciclistas; yo viajaba detrás de ellos.

Nos dijeron que ese día, o así lo entendimos nosotros, íbamos del tirón hasta Quetta ¡700 kilómetros! ¡me temblaron las piernas! Pronto nos dimos cuenta de que no iba a ser así, al poco de salir ya tuvimos el primer control.

Esta primera jornada fue tranquila. Aproximadamente, cada 25 km tuvimos un control militar en el que había que rellenar un formulario con nuestros datos personales -rellenamos cientos- y en casi todos se hacía un relevo de escolta, lo que era bastante pesado sobre todo para los ciclistas que tenían que cambiar todo su material de Pick-up. En eso ¡yo salía ganando!

Parada de control y cambio de escolta

Referente a las comidas y el alojamiento no tuvimos que preocuparnos de nada -por decirlo de algún modo- comimos y dormimos cuando y donde la escolta nos dijo; fue infructuoso preguntar cual era nuestro destino del día, ni cualquier otra cuestión sobre nuestro recorrido, siempre nos dieron largas. Consejo, por si algún día vais ¡dejaros llevar!

Sobre repostar gasolina por el camino, en principio tampoco es muy complicado. Yo entré en Pakistán con el depósito lleno y llevaba, además, una botella de reserva desde Irán, con lo que hasta el segundo día no necesité repostar; cosa que hice donde y cuando los Levies consideraron pertinente, como todo lo que sucedió en esos días.

Esa jornada la finalizamos en Dalbadín, en el cuartel de los Levies, y después de la identificación y burocracia pertinentes nos llevaron a un infernal hotel del que no nos dejaron salir hasta el día siguiente.

En el cuartel, pizarrín con los turnos de relevos y pinturas murales

De Dalbadin a Quetta

Hasta Quetta, desde el punto en el que estábamos, hay 340 Km que, teniendo en cuenta los relevos de guardia, se tradujeron en 12 horas de tedioso y agotador viaje.

El principio no fue malo. Contra todo pronóstico, el inmundo hotel en el que nos habíamos alojado en Dalbadín nos ofreció un copioso desayuno que disfrutamos en una suerte de jardincillo -o descampadito aseado- que antecedía al hotel.

Bueno, el hecho de salir de esas pestilentes habitaciones ya ponía en valor cualquier cosa, aunque el desayuno sí que fue bueno por si mismo ¡nos puso las pilas!

En ruta, punto de control

La ruta de este segundo día transcurrió paralela a la frontera de Afganistán y estuvo sembrada ad infinitum de puntos de control y cambios de guardia, con todo lo que eso conllevaba.

Cambiar de guardia significaba bajar tres bicis y quince bultos de una pick-up para intentar acoplarlos en otra que, generalmente, tenia asientos alineados en varias filas ¡vamos! ¡un tetris cada veintitantos kilómetros!

Delante de mí mis compañeros apiñados con sus bicis y sus trastos

Se nos echó la noche encima y el último tramo fue una pesadilla, los Levies tenían prisa por llegar y prácticamente me iban perdiendo. Víctor paso los últimos kilómetros aporreando el techo de la cabina de la pick-up para que bajaran velocidad y no perderme de vista.

Nos instalaron los tres días que siguieron en un destartalado cuartel militar en Quetta, así los decidieron mis compañeros de trayecto por miedo a que el hotel al que nos llevaran fuera nefasto, y creo que nos equivocamos ¡tomad nota!

 

Tres noches en Quetta

Llegamos un sábado a Quetta ¡Mal!

En Quetta están las oficinas del Gobierno de Balochistan, y el objetivo de recalar allí era obtener el NOC -Non Objetion Certificate-  en el Home & Tribal Affairs Department. Sin el NOC, no podía seguir viajando.

El documento se tramita rápido, pero no puedes viajar hasta el día siguiente de haberlo obtenido y, como hasta el lunes estaban las oficinas cerradas, me quedaban por delante tres noches cuartelarias.

Nuestras “habitaciones con baño”

Permanecimos en una especie de arresto domiciliario todo el fin de semana, no pudimos salir del cuartel para nada ¡con las ganas que tenía yo de conseguir una SIM!

Yo seguí comiendo gracias a las provisiones de mis compañeros. La escolta solo nos sacó de allí un rato para ir a un colmadito a comprar pan y, como a pesar de nuestras súplicas no nos acercaron a por una SIM, a ratos nos compartieron datos para que pudiéramos dar señales de vida.

Instalamos nuestros cachivaches en el suelo, sobre una alfombra. En la habitación solo había un catre que utilizaba el militar de turno, y estaba llena de cajas metálicas en las que los militares guardaban -o cogían- sus armas y cascos cuando consideraban, que bien podía ser a las seis de la mañana, pasando por encima de nosotros si así les resultaba más fácil alcanzarlas.

Atardecer desde la azotea del cuartel de Quetta

No es que fueran tres días malos, pero me costará olvidarlos. La insalubridad del lugar, el trajín de presos encadenados, la no comprensión permanente de lo que allí iba pasando… y también las risas de los que allí estábamos, mi grupo y otros viajeros que fueron llegando.

Por fin llegó el lunes, nos montaron a todos en una pick-up y nos llevaron a tramitar el NOC. Con el documento en la mano, y ya sabiendo que mi siguiente destino iba a ser Lahore y no Shukur como yo pensaba, nos llevaron a la estación a sacar nuestros billetes de tren ¡La Chiquitina y yo íbamos a viajar en tren! ¡Solo me faltó santiguarme!

Tramitando el NOC

 

Próximo destino, Lahore

El día que abandonábamos Quetta llegamos a la estación escoltados y sin saber -como siempre- como iba a ir la cosa. Salimos del cuartel tarde y llegamos cuando faltaban menos de quince minutos para que saliera el tren; la cosa prometía, y cumplió, ser de infarto.

El tren era infinito y estaba estacionado en un andén atestado de gente moviéndose en todas las direcciones. Teníamos que meter en el vagón de carga todos nuestros trastos, bicis y moto, y cuando llegamos a él ya no cabía ni un alfiler y no nos dejaban subir nada nuestro.

Enfurecidos nos dirigimos a la escolta que nos llevó a un puesto militar donde nos proporcionaron un documento que nos facilitó que pudiéramos subir la carga.

Ya faltaban solo cinco minutos para que arrancara el tren cuando yo andaba enloquecida desmontando las maletas de la moto para llevármelas conmigo. Alguien subió la moto en volandas y yo sentí que no la iba a ver más.

Nuestro vagón quedaba bastante alejado del furgón de carga, y a mi me faltaban brazos para llevarme mis cosas. Me parecía imposible alcanzar mi vagón cuando aparecieron de la nada un grupo de niños que cogió todas mis cosas y, al galope, corrimos todos hasta mi vagón, subí y, aquel mamotreto de tren ¡arrancó! Fue el milagro del día.

Nuestro tren, ya circulando

La duración del trayecto a Lahore era de 24 horas que acabaron siendo 30 ¡por si nos parecían pocas!

Nos instalamos con las toneladas de equipaje en nuestras cuatro literas, nuestro compartimento era de seis ¡debimos de haberlas comprado todas! ¡Aquello acabó siendo el camarote de Los Hermanos Marx!

El interior de nuestro vagón

Los Levies nos siguieron escoltando hasta llegar al limite de la provincia de Baluchistán, donde se despidieron y abandonaron el tren. A partir de ese momento fue la policía quien estuvo al tanto de nosotros y quienes nos tuvieron retenidos cuando llegamos a Lahore hasta que se vació el tren.

Descendimos del tren y fuimos al furgón de carga, y ¡allí estaba La Chiquitina! esperándome ¡y pidiéndome a gritos carretera!

 

Y a modo de bonus track, Pakistán visto desde el tren

Desde el tren, ya sin tener que estar pendiente de la carretera ni de ese trasiego de cambios de guardia y ordenes desconcertantes que había sido mi ruta hasta ese momento, pude empezar a tomar conciencia de que estaba en Pakistán.

Ese destartalado y hacinado tren me proporcionaros unas preciosas imágenes tanto en su interior como de los lugares que íbamos transitando. Os dejo algunas  a modo de bonus track.

 

En el tren

 

La vida en los andenes

 

Pakistán se mueve

 

Desde la ventanilla

 

 

¡Y no olvides echar gasolina para mis kilómetros solidarios!

¡DONA! LO DEMÁS VIENE RODADO…

¡Hola!

asd

Soy Marta Insausti: LA MOTERA. Mujer, 55 años, madre de 2 hijos, la séptima de ocho hermanos, madrileña, peleona, aventurera y empresaria.

 

Mostrando los 10 comentarios
  • josé martinez vanacloig
    Responder

    Joder Marta, que miedo y al mismo tiempo, emoción y envidia.

  • josé martinez vanacloig
    Responder

    Estupendo Marta. Super emocionante al mismo tiempo que temible……..que envidia.
    Un abrazo y mucho ánimo.

    • Marta
      Responder

      Pues sí, la verdad es que rodar por Baluchistán fue duro y emocionante…¡y me encantó!
      Aquí sigo con el ánimo en forma, esperando que escampe la pandemia para volver a la carretera.
      ¡Un abrazo!

  • Loreto
    Responder

    Marta, que emocionante! hay que ver que momentos tan tremendos has vivido. Ha sido una estupenda sorpresa encontrar una nueva nota en tu blog, no lo dejes! estoy ya deseando leer tu paso por la India.
    Un beso fuerte y seguiremos aportando Kms solidarios. Un abrazo, Loreto

    • Marta
      Responder

      Sí muy emocionante y un gran aprendizaje. Fue duro pero la belleza de Baluchistán te deja sin aliento, la luz de ese desierto esa majestuosidad de la naturaleza… el viaje en tren inolvidable.
      Seguiré con las crónicas de mi viaje.
      Besos mil.

  • Manel
    Responder

    Vaya, menuda aventura!! Yo pensaba hacer lo mismo en mi futuro viaje, pero visto lo visto igual envio la moto de Irán a la India. No digo que no haya sido excitante, jaja pero creo que yo busco otro tipo de disfrute.
    Ánimo y muchas gracias por tu relato.

    • Marta
      Responder

      ¿Con que moto lo vas a hacer? ¿vas solo? Cambia muchísimo con quién coincidas en el convoy, supongo que si coincides con otras motos tiene que ser genial, en mi caso el cambio de las bicicletas de un coche a otro fue un infierno y nos retrasó muchísimo.
      Pero ese desierto es maravilloso, la luz, esas montañas, esos espacios inmensos… yo disfruté mucho de los trayectos otra cosa es lo de pernoctar.
      Recuerda que la visa de la India la tienes que obtener en el consulado de India en Teherán, yo creía que lo podía sacar online y tuve que ir a Islamabad y perder una semana.
      De nada, gracias a tí por leerme.

      • Manel
        Responder

        Pues lo voy a hacer yo solo, con una Africa Twin 201, quizá empiece en un año o así. Pero todavia no tengo mucho planeado, de momento voy buscando info de viajer@s como tu….
        En Islamabad, ok! Me lo apunto!! Lo que no entiendo es como esta Youtuber se recorre Pakistán totalmente a su aire…
        https://www.youtube.com/channel/UCgEr31iKO9muwYabeOaF3OA
        Por el recorrido que vas a hacer me vas a servir de gran ayuda, solo leyendo tus relatos….ya me sirve de mucho. Gracias!

        • Marta
          Responder

          Solo vas escoltado por Baluchistán el resto de Pakistán te puedes mover a tu aire.
          Mi caso fue muy particular porque yo desde Quetta podía haber ido escoltada hasta Multan y luego haber seguido a mi aire pero a los tres ciclistas con los que iba no les daban más escolta y los mandaban en tren a Lahore y yo cuando vi que iba a ir yo sola con la escolta me negué y me apunté también al tren, la verdad es que en ese momento estaba muy cansada de la vida cuartelaria y de no saber nunca que iba a ser de tí.
          La experiencia del tren fue genial y me permitió hacer muchísimas fotos fantasticas.
          Si necesitas cualquier información no dudes en preguntar, incluso nos podemos conectar un día y te doy la información que necesites.

          • Manel

            Pues creo que yo hubiera hecho lo mismo, jaja Ok! Gracias! Estamos en contacto…

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