Conocer Irán con La Motera, cuando La Motera es tu madre

A pesar de la imagen tan oscura que de Irán nos transmiten los medios, y de la cara de pánico que se le ponía a todo el mundo cuando les decía que en mi ruta estaba atravesar con mi moto este país, crucé la frontera de Gurbulak con una ilusión enorme.

La Chiquitina en la frontera de Irán

Irán era un país al que le tenía ganas. Además, la mayor parte del territorio lo iba a descubrir con Marta, mi hija, con quien tenía una cita en el aeropuerto de Teherán para empezar a rodar juntas por carreteras y caminos persas.

Esta vez, iba a hacer turismo. Habitualmente mis rutas son en línea recta, es decir, son las que me permiten atravesar los países recorriendo los menos kilómetros posibles para alcanzar ese discreto objetivo que me he marcado, el de dar la vuelta al mundo.

Serpenteamos y salimos de ruta tantas veces como quisimos, y siempre mereció la pena. Arquitectura de extraordinaria belleza, plazas, jardines y no pocos lugares únicos nos esperaron en cada uno de nuestros destinos.

 

¿QUÉ PIENSAS DE IRÁN?

Ya os anticipo que nos gustó todo, sin excepciones, y sus habitantes ¡de 10! Siempre dispuestos a ayudarte, a conversar y a compartir. Conscientes -como lo son- de la mala prensa que tiene su país, una pregunta recurrente en todo el viaje fue ¿qué te parece o qué piensas de Irán?

No es fácil vivir allí, aunque pronto percibes que hay una disociación clara entre la religión y el día a día de la gente, salvo por las imposiciones de la teocracia que les gobierna. Como explica Patricia Almarcegui en un más que recomendable artículo de Altair Magazine

El país es mayoritariamente musulmán y las representaciones del islam en Occidente son las mismas desde hace siglos, es decir, negativas. […] Al islam se le teme. Sin embargo, Irán no es una religión, ni los iraníes son su gobierno.

En el cajero

Más del 60% de la población son gente joven y formada, con acceso a esa globalidad que conforman las redes sociales, de las que son más usuarias las mujeres -en gran número universitarias– ya que ese es un lugar sin restricciones para ellas.

Quizás, y si algún día dejan de asfixiarlos unos y otros con imposiciones, restricciones, sanciones y embargos, esta numerosa juventud pueda promover un cambio sustancial en su país que, no olvidemos, es el segundo productor mundial de gas y petróleo. De ahí también sus males…

En la tumba del poeta Hafez, en Shiraz

Visitar el país nos sirvió para deconstruir la imagen que, entre todos, y solo Dios sabe por qué espurios intereses, se empeñan en mostrarnos. O, como nos dice P. Almarcegui, hay que conocer Irán para cuestionarse las imágenes y representaciones negativas del país, Oriente y el islam.

 

¡EN RUTA! TABRIZ Y ZANJAN

Entré en Irán un sábado, preocupada por encontrar un banco lo antes posible para cambiar dinero. En este país no aceptan ninguna de nuestras tarjetas de crédito ni ninguna moneda que no sea la suya. Al poco de cruzar la frontera ya tenía esta cuestión resuelta y empecé a rodar con calma hacia mi primer destino, Tabriz.

En esta ciudad, solo hice noche. Me alojé en un cómodo hotel a pie de carretera que tenía, además de unas vistas extraordinarias sobre la ciudad, un restaurante giratorio en la última planta ¡de locos!

El Goli Pars Hotel en Tabriz, con su restaurante giratorio en la cúspide

Estaba muy concurrido, debía de ser un restaurante de moda, aunque yo, debo de reconocer, no le vi mucho la gracia. Me empecé a encontrar fatal mientras cenaba, y ya casi pierdo la cabeza cuando el bufé de ensaladas que tenía delante de mí desapareció y apareció a mis espaldas ¡ahí me di cuenta de que aquello giraba!

Me levanté recuperada de la cena rotatoria, y 290 kilómetros después ya estaba en Zanjan en el primero de los muchos hoteles tradicionales en los me alojé en Irán.

Traditional Dadamaan, en Zanjan

Estaba muy céntrico y cerca de los bazares, lo que me permitió, al día siguiente, darme mi primer paseo urbano en una ciudad iraní, al tiempo que iba a la búsqueda de una tarjeta SIM para poder seguir comunicada.

De compras en Zanjan

La SIM se me resistió bastante, hasta que encontré a Mehdi, un iraní extraordinario que me acompañó toda la mañana facilitándome la ardua tarea de encontrar y activar mi SIM. Y no le puedo estar más agradecida, no solo por la ayuda si no por el estupendo tiempo que pasé con él.

Mehdi, en su Instagram, y yo agradecida

 

ESPERANDO A MARTA EN TEHERÁN

Llegué a Teherán con un sol estupendo, aunque calada hasta los huesos, la lluvia a penas me abandonó desde que salí de Zanjan.

Faltaban casi dos días para que llegara mi hija, así que me instalé tranquilamente en el Pamchal Hotel. No salí hasta el día siguiente, en el que me di un garbeo por la ciudad sin querer ver demasiadas cosas a la espera de poder hacerlo acompañada.

Paseando Teherán, dos maneras de entender una misma cuestión

¡Y llegó el día! Me levanté contenta y salí temprano destino al aeropuerto, no quería llegar tarde a mi cita y tenía por delante un incierto trayecto en metro. Las indicaciones que me habían proporcionado diferentes personas eran distintas y bastante confusas. Más tarde comprendí la razón.

Plano del metro de Teherán ¡imposible perderse!

Ya en el andén, pregunté a una chica que ¡alabado sea! también iba a esa terminal. Fuimos todo el trayecto las dos solas en el vagón, hasta llegar a una terminal muy moderna y prácticamente igual de desierta que el vagón que nos condujo a ella. Y, de repente ¡entendí! Si el gobierno prohíbe salir a sus ciudadanos del país ¿quien va a haber en el aeropuerto internacional? Desolador.

Afortunadamente, según llegue salía mi hija. Como el trayecto en metro había sido de casi tres horas, cogimos un taxi rumbo al hotel y, en ese momento, comenzamos nuestra particular aventura iraní.

En este punto del relato ¡me paro! Y le cedo la pluma a Martita, para que sea ella la cronista de nuestro viaje ¡ahí os la dejo! y ¡qué lo disfrutéis! 


CARRETERA Y MARTAS

Por Marta Lumbreras Insausti

Desde que mi madre trazó su ruta, yo tenía claro que quería unirme a ella en Irán. Si algo me ha enseñado en esta vida es a seguir las corazonadas, y esta era una.

La llegada en avión a Teherán fue mucho más sencilla de lo que esperaba, el aeropuerto internacional Emam Khomeini es relativamente pequeño y los trámites para que me diesen el visado se resolvieron muy rápido (en realidad, el único trámite que hay que hacer allí es pagar en una ventanilla y llevar el justificante a otra, fin). En un momento estaba fuera, abrazando a mi madre después de dos meses, las dos con el pañuelo en la cabeza.

Las Martas, en el aeropuerto, antes de la carretera…

 

EN TEHERÁN, WELCOME TO IRÁN

La ruta en taxi de camino al hotel fue mi primer contacto con el tráfico iraní y, en concreto con el de Teherán, que, como buena metrópolis, de 8,7 millones de habitantes es una jungla de coches y motos. Yo miraba por la ventanilla y miraba de reojo a mi madre, la veía muy tranquila para la gravedad del panorama.

Cuando viajas por tierra –me dijo – los cambios entre países son más progresivos, te vas acostumbrando: la comida, la forma de conducir, … Aun así, creo que será mejor que cierres los ojos cuando nos toque salir de Teherán.

Los dos días que pasamos en Teherán fueron un poco desacompasados: nos hacíamos un lío con el dinero y siempre nos quedábamos cortas, no calculábamos bien las distancias y nos hartamos a andar, no encontrábamos sitios para comer, a las cuatro de la tarde cerraban todo, a las cinco y media era de noche… vamos, que nos cundió bastante poco… En los dos días que estuvimos allí, al final solo visitamos el Palacio de Golestán, antigua residencia del Shah y la torre Azadi.

Flamante interior del Palacio de Golestán

El Palacio de Golestán puede parecer sobrio por fuera, pero por dentro recuerda al lujo y despilfarro de los grandes imperios europeos. Nos llamó especialmente la atención el uso de mosaicos de espejos, que luego hemos visto en otros edificios del país. En cuanto a la torre Azadi, aunque nos la esperábamos más grande, su simetría y sus colores nos atraparon.

Torre Azadi

Sin embargo, lo que más disfrutamos en Teherán fue viajar en metro, en el vagón de mujeres. En cada estación subían vendedoras con toda clase de productos: crema de manos, calcetines, collares, … que daban vidilla al vagón. Además, el metro es un lugar perfecto para socializar: en todos los trayectos que hicimos, se acercó alguna pasajera a preguntarnos de donde éramos y qué nos estaba pareciendo Irán. Contra todos los prejuicios que traíamos, lo que más hemos escuchado en este país ha sido “welcome to Irán”.

Vagón de las mujeres en el metro de Teherán

Finalmente, llegó el momento de coger la moto y enfilar la carretera en dirección sur. Yo ya me había mentalizado para abrazarme a mi madre y cerrar los ojos, pero no hizo falta. Salimos alrededor de las 11 de la mañana y el tráfico de la ciudad era bastante tranquilo. Además, mucha gente nos saludaba desde los coches y, así, como si de la reina de la reina de Inglaterra se tratase, se me olvidó el miedo.

 

UN TAXISTA EN KASHAN

Nuestra siguiente parada fue Kashan. Como llegamos a la hora de comer, decidimos ir a ver el Jardín de Fin, antes de que anocheciese (a las 17:30 era noche cerrada), luego buscaríamos un sitio donde comer.

En el Jardín de Fin

Ese día tuvimos la mala suerte de que nos interceptara un taxista aprovechado que nos lió para llevarnos después de ver el jardín a un templo. De camino, dio un rodeo para recoger a otra pasajera y llevarla a la estación de autobuses, que no estaba precisamente en el camino. En fin, que nos tuvo toda la tarde metidas en el taxi y llevándonos a donde le daba la gana.

Aquí es donde nos dimos cuenta de que, aunque la gente en Irán es muy cercana y siempre está dispuesta a ayudar, los taxistas son taxistas en todo el mundo. Entre esto y que no habíamos preparado bien lo que queríamos visitar y nos perdimos los baños del Sultán Amir Ahmad, nos quedamos con un poco de mal sabor de boca.

 

LA BELLEZA DE ISFAHÁN

Al día siguiente, salimos hacia Isfahán. Según entramos a la ciudad nos enamoró el verdor de sus calles, en las que los árboles formaban tupidos túneles con sus hojas. Al llegar al hotel, hicimos algunos estiramientos porque el último tramo del viaje fue más largo de lo que esperábamos y llegamos bastante doloridas.

Una vez recuperada la movilidad de las piernas, nos echamos a la calle en dirección a la plaza Naqsh-e Yahán, el majestuoso centro de la cuidad. La plaza está rodeada de pasadizos que albergan innumerables talleres y puestos.

Plaza Naqsh-e Yahán

Quizá una de las cosas que más nos gustan de viajar es ver a los artesanos que, generación tras generación, mantienen vivo el arte local. En Isfahán, es especialmente fascinante observar a las mujeres que trabajan la técnica del minakari (dibujo a mano de miniaturas esmaltadas).

Artesanas de minakari

De entre las callejuelas, surgió la plaza de repente, y nos dimos de bruces con el majestuoso iwan de la Mezquita del Imam Jomeini. Un elemento característico de la arquitectura religiosa iraní es el iwan, que consiste en un gran arco que crea una suerte de porche abovedado. En el caso de esta mezquita y de las demás que vimos en Isfahán, los iwanes te dejaban sin aliento.

Al salir, había caído la noche y decidimos andar de vuelta al hotel, callejeando por los bazares aledaños a la plaza.

Iwan de la Mezquita del Imam Jomeini

 

          UNA MAÑANA EXTARORDINARIA EN MASJID-E-JĀMEH

En nuestro segundo día en Isfahán fuimos a ver la Mezquita del Viernes (Masjid-e-Jāmeh); de nuevo, escondida dentro de un enmarañado bazar; parecía imposible que semejante edificio no fuese visible desde las calles colindantes.

Llegamos a las once, justo a la hora de la oración. Aunque durante ese tiempo no permitían el acceso a las salas de oración, nos dejaron quedarnos paseando por el patio central, donde estuvimos haciendo fotos de los innumerables detalles arquitectónicos y escuchando el sermón por los altavoces.

Exterior de la Mezquita del Viernes

Cuando acabó la oración, se acercó a nosotras una mujer y nos acompañó por la mezquita, enseñándonos las distintas salas. Nos explicó que era profesora de inglés y que le gustaba hablar con los turistas y conocer su visión de Irán. En una de las dependencias, se nos unió también uno de los encargados de mantenimiento de la mezquita, que nos guío por sus lugares favoritos, abriéndonos puertas habitualmente cerradas para los visitantes y mostrándonos los puntos idóneos para captar las mejores fotos.

Los secretos de la Mezquita del Viernes

Es difícil de explicar la atmósfera que se creó durante aquellas horas en que los cuatro íbamos dejándonos maravillar por la mezquita, llamándonos unos a otros cada vez que encontrábamos algún rincón que llamaba nuestra atención.

Finalmente, cuando los rugidos de estómago nos hicieron salir en busca de comida, nos despedimos entre abrazos y lágrimas, felices de haber compartido aquel tiempo.

Nuestros extraordinarios guías

 

MÁS ALIMENTO PARA EL ALMA, Y PARA EL CUERPO

El hambre nos guío hasta un caravanserai cercano a la mezquita, donde encontramos un pequeño restaurante en el que comimos un delicioso abgoosht, uno de los platos típicos de la cocina persa.

Abghoost

Con las pilas recargadas, andamos de nuevo a la plaza Naqsh-e Yahán para visitar la Mezquita del jeque Lotf Allah. A diferencia de las otras dos que habíamos visitado con anterioridad, este edificio es en apariencia más modesto y los colores de su cúpula desentonan un poco con el canon de la arquitectura persa.

Exterior Mezquita del jeque Lotf Allah

Entramos con un poco de escepticismo, después de lo que habíamos visto esa misma mañana, dudábamos que nada pudiera sorprendernos. Pero así es Irán -y especialmente Isfahán- una maravilla detrás de otra.

Interior Mezquita del jeque Lotf Allah

Esta mezquita tiene una sola sala de planta cuadrada con una increíble bóveda circular, con mosaicos perfectamente simétricos que te hacen sentir dentro de un caleidoscopio. De nuevo, perdimos la noción del tiempo, deleitándonos con aquella geometría hipnótica.

La bóveda y sus detalles

LOS PUENTES DE ISFAHÁN

Para acabar el día, fuimos a ver la puesta de sol al puente Khaju y fuimos andando por la ribera del río Zayandeh hasta el puente Bozorgmehr. Aunque el segundo no puede competir en belleza con el primero, en sus pilares tiene dos cafeterías.

Puente Khaju

Decidimos entrar en una de ellas a descansar un poco antes de emprender el camino de vuelta al hotel. Aunque el camarero que nos atendió era muy antipático (algo sorprendente cuando llevas varios días en Irán), nos encantó el ambiente cálido y recogido del lugar, y nos entretuvimos observando a las parejas y los grupos de amigas que se daban cita allí.

El puente Bozorgmehr y las Martas echando la tarde en su interior

EN ABADEH, CONOCIENDO IRÁN A TRAVÉS DE LOS OJOS DE NASRIN

Nuestra siguiente parada fue Abadeh, un pequeño pueblo entre Isfahán y Shiraz. Decidimos parar allí para no tener que hacer demasiados kilómetros en un solo día, y por lo tanto no teníamos ninguna expectativa sobre lo que íbamos a encontrarnos.

Nos hospedamos en una casa tradicional (similar a una casa rural), donde nos recibieron con una deliciosa comida casera y un té. Ese día decidimos no salir a hacer turismo y quedarnos en el salón junto a la estufa recuperando fuerzas, charlando con nuestra anfitriona Nasrin y con Mina, su genial mascota.

            Inmortalizadas en el Instagram del Dorafshan Traditional House

Nasrin nos estuvo hablando de algunas prohibiciones que existen en el país, como la de que las mujeres no puedan cantar en presencia de hombres o que no esté permitido tener perros como mascotas. También está prohibido que las mujeres iraníes conduzcan motos (aunque pueden montar como acompañantes), lo cual explica que cuando llegábamos a cualquier gasolinera nos mirasen como a dos marcianas recién aterrizadas.

 

RUMBO A SHIRAZ CON PARADITA EN PERSÉPOLIS

Al día siguiente, con las pilas y el estómago bien cargados, retomamos la carretera en dirección a Shiraz, y en el camino paramos a ver Persépolis.

En primer lugar, decir que no le recomendamos a nadie hacer turismo por el desierto con ropa de moto, a no ser que sean aficionados al Bikram yoga… Aun así, no podíamos irnos de Irán sin haber visitado las archiconocidas ruinas de Persépolis.

Nos pasamos horas contemplando los relieves que representan a los distintos pueblos que rendían tributo a los antiguos reyes: la indumentaria y los objetos que portan te permiten adivinar qué rango tenían y de que zona geográfica provenían los distintos personajes.

En Persépolis

 

PERDIDAS EN LOS CALLEJONES DE SHIRAZ

Debido a un error de cálculo, llegamos a Shiraz de noche. Una vez superado el loco tráfico nocturno de la autopista de entrada, nos perdimos en las callejuelas de la ciudad buscando el hotel. El camino cada vez se estrechaba más, hasta el punto de que la moto no cabía por las calles y no podía hacer las curvas.

Vistos por la mañana, los callejones tenían mejor pinta.

Seguimos con dificultad las indicaciones del GPS pero el hotel no aparecía ni vivo ni muerto. Un poco desesperadas, pedimos ayuda a un hombre que pasaba con su moto y nos dijo que le siguiéramos; pero no podíamos, la moto pesaba demasiado conmigo encima e iba dando bandazos.

El hombre me dijo que me subiese a su moto para poder continuar. No teníamos mucha alternativa, así que me subí. Su moto era mucho más ligera, y por lo tanto avanzaba mucho más rápido que mi madre. A ratos, yo le gritaba “wait, wait” para que parase a esperarla.

En ningún momento temí por mi seguridad, pero vista la maraña de calles, me daba miedo que mi madre nos perdiera de vista y no fuésemos capaces de volver a encontrarnos nunca; miedo que, a la larga, se ve un poco tonto, pero que en el momento parecía muy probable que ocurriese.

El hombre que nos estaba ayudando tampoco era capaz de encontrar el hotel y, cuando ya estábamos a punto de desistir y buscar otro sitio donde alojarnos, por fin encontramos una indicación en una de las paredes, y en un callejón apareció el maldito hotel; hotel que, por otra parte, resultó ser precioso y muy agradable.

                    El hotel Homayouni

Después de esta aventura, nos tiramos en la cama para intentar recobrar el aliento y la paciencia.

El día siguiente era festivo y la mayoría de monumentos estaban cerrados, pero pudimos ver la preciosa mezquita Vakil y pasear por el gran bazar que la rodea.

Por la tarde visitamos el palacete Narenjestan e Ghavam, que recoge el gusto arquitectónico de la burguesía iraní del siglo XIX.

Las Martas en el Narenjestan

 

Y EN YAZD, ZOROASTRISMO

Nuestro último destino juntas fue Yazd. Yo llevaba todo el viaje emocionada por visitar esta ciudad porque antes de partir, leí el comic Así calló Zaratustra, que habla sobre el zoroastrismo en Irán.

El libro explica que ésta es una de las primeras religiones monoteístas, anterior al judaísmo, que venera en gran medida la naturaleza. Aunque está prácticamente extinta, todavía quedan algunos seguidores en Irán y los países aledaños.

Ahura Mazda, creador y máxima deidad del zoroastrismo

Uno de los vestigios de esta religión son las torres del silencio, unas edificaciones chatas y cilíndricas donde antiguamente se colocaba a los muertos para que sirvieran de comida para los buitres. Soy consciente de que suena un poco desagradable, pero después de leer el cómic, tenía mucha curiosidad por verlas en persona.

Mi madre no se lo había leído, pero llevaba todo el viaje hablándole de este y los demás libros sobre Irán que había leído en los últimos años, así que al final le había contagiado mi entusiasmo.

En Yazd estuvimos un viernes (que, por cierto, era el cumpleaños de mi madre) y, al ser festivo, la ciudad estaba desierta. Paseamos por las calles, entre las casas de adobe y las torres de ventilación que caracterizan a la ciudad.

En Yazd

Por la tarde quedamos con Jules y Gary, una pareja de australianos a los que mi madre había conocido en el consulado de Irán en Estambul. Ellos también estaban viajando por distintos países y estuvimos compartiendo anécdotas sobre Irán. Me encantó poder conocerlos y pensar que mi madre está cruzándose con gente así de maravillosa e interesante en su periplo por el mundo.

 

FINAL DE TRAYECTO, DEL MÍO, LA MOTERA SIGUE…

Y hasta aquí llegó mi aventura, a mí me tocaba volver a Madrid y a mi madre seguir hacia Pakistán.

Poca gente podrá tener la experiencia de viajar dos mujeres en moto por Irán; es genial (todo el mundo con quien nos hemos cruzado solo ha tenido gestos agradables con nosotras) y al mismo tiempo te hace pensar y te remueve. Te hace apreciar más la libertad, pero no la libertad con mayúsculas, sino la de la vida cotidiana, la de poder seguir tus corazonadas (ya sean viajar en moto o cantar) con independencia de tu género.

Al mismo tiempo, este viaje nos ha hecho replantearnos la prisa con la que vivimos en Madrid, la sensación de no tener tiempo para pararnos a mirar el paisaje o para hacer la sobremesa. Y a mí, personalmente, este viaje me ha hecho darme cuenta, una vez más, de que tengo una madre muy poco común, cauta, pero sin miedo, infinitamente curiosa, y, sobre todo, siempre agradecida por lo que la vida le ha dado.


 

IRÁN SIN MI HIJA: KERMAN Y BAM

En cuanto se fue mi hija, quise irme muy pronto de Yazd, la última ciudad en la que estuvimos juntas, me había quedado muy triste…

Me fui a Kerman al día siguiente, sin grandes expectativas, y la ciudad me sorprendió, el centro era muy bonito, con una preciosa mezquitaMasjid-e Jame– y un bazar enorme – Bazar-e Sartasari– de preciosos pasillos abovedados.

Bazar-e Sartasari

Además, me alojé en un lugar muy agradable, el Khorram Hostel, una casa tradicional con jardín que me ayudó bastante a reponer el animo.

Foto de la web de Horram Hostel

En Bam, mi siguiente parada, me alojé entre palmeras y naranjos y pude visitar la espectacular ciudadela de Arg-é Bam que, antes del terremoto de 2003 era la mayor estructura de adobe del mundo. Declarada Patrimonio de la Humanidad, ha sido cuidadosamente reconstruida con técnicas originales y utilizando exclusivamente barro y adobe.

Ciudadela de Arg-é Bam

 

EL BALUCHISTÁN IRANÍ

Pasé mi última noche iraní en Zahedan, en el Baluchistán iraní, a pocos kilómetros de la frontera con Pakistán y Afganistán.

Cuando amanecí la mañana siguiente, la policía estaba en el hotel, y me dijeron -a mi y a los pasajeros de dos coches más que también querían cruzar la frontera- que no podíamos viajar solos, que nos tenían que escoltar ¡empezaba la fiesta!

Finalmente, y tras varios ahora sí, ahora no, nos indicaron que fuéramos solos, siempre y cuando yo viajara entre los dos coches. Y así llegamos a la frontera, donde nos estaba esperando la escolta que formó parte de nuestras vidas durante los diez días siguientes. Pero ese ¡ya será mi próximo relato!

 

PENSANDO IRÁN HOY

Mi marcha de Irán coincidió con una subida despiadada de los precios de la gasolina que desencadenó, además de un apagón de Internet de 5 días, una revuelta civil sin precedentes en la historia de la República Islámica.

El bloqueo a Internet impidió que se conociera en tiempo real la brutal represión del régimen iraní. Se me partió el alma cuando leí las consecuencias y, todavía sentí más admiración por todas esas personas que había conocido.

Mientras escribo esta entrada de blog, Irán está en los titulares de todos los medios, EE. UU. ha asesinado al general iraní Qasem Soleimani, lo que no hace más que agrandar las fuertes tensiones entre estos dos países. Y problemas mayores que analizan muy bien los expertos.

En estas situaciones, están los que siempre ganan – varios son los regímenes y líderes de distinto pelaje que, por distintos motivos, se frotan las manos con este asesinato– y los que siempre pierden, los ciudadanos y ciudadanas, victimas y protagonistas de lo que sucedió, sucede y sucederá.

Y mientras termino de escribirlo -me he entretenido un poco, pero tampoco tanto- el revuelo mediático ha desaparecido, ya no hay titulares, ya no hay Irán. Descorazonador.

—————————————-

También hoy un bonus track. El de hoy, literario y radiofónico, y aportado por mi hija Marta. Le cedo nuevamente la palabra:

Una de las razones por las que quería visitar Irán es porque en los últimos años he leído varios libros sobre el país, que me han hecho interesarme sobre su sociedad y su historia reciente. Os dejo algunas recomendaciones:

Y os recomiendo, además, este maravilloso podcast sobre mujeres valientes, que escuchamos una mañana en el hotel de Shiraz mientras nos preparábamos para explorar la ciudad.

 

¡Y no olvides echar gasolina para mis kilómetros solidarios!

¡DONA! LO DEMÁS VIENE RODADO…

¡Hola!

asd

Soy Marta Insausti: LA MOTERA. Mujer, 55 años, madre de 2 hijos, la séptima de ocho hermanos, madrileña, peleona, aventurera y empresaria.

Mostrando los 8 comentarios
  • Marta del Castillo Coba
    Responder

    Sí, Irán es un país maravilloso, por su cultura y por su gente. Hace 20 años que estuve y, al leeros, me han entrado unas ganas enormes de volver.
    Felicidades a las Martas por esta experiencia y un abrazo fuerte a la motera.

    • Marta
      Responder

      Gracias Marta. Supongo que ha debido cambiar mucho en 20 años, yo creo que ahora el regimen es mucho más relajado, pero me parece que en esenciasigue igual.

      Te animo a que vuelvas.
      Un abrazo

  • Susana Castillo
    Responder

    Gracias, Me ha encantado vuestro punto de vista, y la maravilla de poder experimentar madre e hija….

    • Marta
      Responder

      Muchas gracias Susana, fue una experiencia maravillosa e irrepetible el poder viajar por Iran con mi hija. Me hace muy feliz que te haya gustado y espero que inspirado.
      Un fuerte abrazo

  • Carmen Pérez de Armiñán
    Responder

    Muchas gracias Marta por este relato detallado que nos permite ir compartiendo contigo esta fantástica aventura. Viajar sola es toda una experiencia, pero poder hacerlo acompañada y ademas de tu hija, es infinitamente mejor.
    Tu visión de Irán me ha resultado muy enriquecedora.
    Espero con ilusión tu vuelta a Madrid para compartir de primera mano, en un largo café, todas estas vivencias.
    Un gran abrazo y buen viaje.

    • Marta
      Responder

      Hola Carmen, ya estoy deseando tomar ese rico café y compartir contigo mis vivencias. Fue maravilloso poder compartir Iran con mi hija, será algo que quedará en nuestro recuerdo imborrable.

      Irán es maravilloso, una pena la imagen que tenemos de él. Es un país super tranquilo y sus gentes todo un descubrimiento.

      Quedo emplazada a ese café aunque sea dentro de mucho.

      Un fuerte abrazo desde las montañas de Myanmar.

  • Loreto Martinez
    Responder

    Hola Marta, ¡otra delicia de relato! he pasado un rato estupendo leyendo las peripecias que habéis compartido madre e hija, me ha quedado claro que de tal palo…. no todo el mundo tiene esa suerte, ¡ójala lo podáis repetir muchas más veces!

    Irán, ese gran desconocido como bien dices, ha sido una magnífica sorpresa, sobretodo lo que relatas del trato tan amable de la gente, se nota que están deseando recibir forasteros.

    Sigue contándonos tus peripecias, ya estoy deseando adentrarme con tu relato en la apasionante India.

    Hasta entonces un beso muy fuerte, Lore

    • Marta
      Responder

      Fue una experiencia maravillosa, algo difícil que vuelva a repetirse.
      Iran es un país para disfrutarlo a tope, perfectas infraestructuras tanto de carreteras, como aviones, trenes, hoteles, restaurantes….
      Es un país muy tranquilo y muy seguro, la gente estupenda y ya ni hablamos de sus monumentos y museos, espectaculares.
      Antes de India tenemos Paquistán jajaja. Ahora mismo te escribo desde Bangkok.
      Un beso fuerte y seguimos adelante.

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