A bordo de la D100, Turquía de punta a punta

Atravesé Turquía de punta a punta, desde su frontera con Bulgaria hasta la frontera de Irán y, en ningún momento tuve que desembárcame de la D100, una estupenda carretera que me llevó cómodamente a Doğubayazit, mi último destino en este país.

DESCUBRIR TURQUÍA DESDE LA D100

Me consta que todas las regiones por las que me llevó la D100, tienen paisajes naturales extraordinarios. Sin embargo, los que esta carretera puso al alcance de mi vista, no fueron, posiblemente, los mejores. Me llevó prácticamente en línea recta desde la región del Mármara, pasando por la del Mar Negro -a la suficiente distancia como para no verlo- hasta la Anatolia Oriental.

El paisaje era árido y un poco monótono, prácticamente una planicie. Según iba avanzando hacia el este, la D100 me iba elevando más sobre el nivel del mar y el entorno de la carretera era cada vez más montañoso. Al llegar a Erzurum, empecé a atisbar las cadenas montañosas que separan este país de Irán.

Avenida en Erzincan, las montañas cada vez más cerca

Pero ¡no me quejo! la ruta me compensó con creces su monotonía poniendo en mi camino ciudades la mar de interesantes que me ayudaron a entender Turquía un poco mejor, lejos de la estridencia cosmopolita estambulí.

Mezquita en Doğubayazit

Para mi sorpresa, todas las ciudades en las que me detuve eran de una dimensión considerable, muy vivas y dinámicas -la mayoría son ciudades universitarias– y muy cuidadas, siempre hay algún jardincito o rotonda floreada en sus calles y avenidas.

En un jardín de Edirne

Por su trajín comercial y por su urbanismo se les adivina un crecimiento constante, y a sus ciudadanos una economía que parece serles suficiente. No es que sean una ciudad occidental -ni falta que les hace- pero sí me recordaron bastante a las ciudades más orientales de Europa, las que conocí atravesando la Península de los Balcanes.

Erzurum

Desde que empecé a rodar por los Balcanes, sentí que con cada kilómetro que avanzaba me iba adentrando cada vez más en oriente, y llegada a este punto, en Turquía, sentí que todavía no había llegado. Como dice J.J Baños, autor de un blog sobre este país del que ya os hablé en mi anterior entrada:

La prueba del algodón de que los turcos no son orientales es que, cuando dicen que sí, significa que sí. Puede parecer de Perogrullo, pero no lo es, y mucho menos para alguien que, como es el caso de este corresponsal, viene de pasar diez años en India, donde un sí tanto puede significar que “ya veremos”, como “casi seguro que no”, y a veces hasta puede querer decir que sí.

¡Y no puedo estar más de acuerdo! Sobre todo, ahora que, mientras escribo esto, estoy haciendo kilómetros por la India después de cruzar Pakistán. Ya os contaré… ¡si es que sobrevivo!

Además de formales, las turcas y los turcos, me han parecido gente tranquila y muy familiar. Las calles y lugares públicos no son bulliciosos, aunque transeúntes no les faltan, ¡ni cafecitos y comercios abarrotados!

Café en Edirne

Me ha gustado mucho constatar que en algún lugar del mundo la modernidad no ha fagocitado a la tradición, sino que se ha entretejido con ella. Se ve alto y claro en el comercio, donde convive perfectamente el tradicional -en los bazares y en las calles- con el que cubre las necesidades de los tiempos que corren.

Calle comercial, samovares artesanos y cargadores de móvil en la calle que ¡para mi querría yo en Madrid!

En todas me han tratado como a una reina, y he pernoctado en hoteles estupendos a precios de no dar crédito, y ¡ni qué decir de lo bien que he comido! Claro que, viendo la materia prima que hay a la venta, parece imposible que pudiera ser de otro modo.

El sector agrícola y ganadero de estas regiones parece de cierta importancia vista la variedad y abundancia de los apetecibles productos locales que están disponibles en mercados y colmados.

Y, para mi sorpresa, la variedad de quesos ¡con lo que me gustan! Prácticamente en cada ciudad que paré, pude descubrir una variedad local y os aseguro que los probé todos.

Quesos de Doğubayazit

En todas las ciudades encontré también un patrimonio histórico importante que descubrir; y, por supuesto, mezquitas ¡las que quieras! Y de todos los tiempos.

Mezquita en Bolu

Oficialmente, Turquía es un país laico, lo que implica que, al haber libertad de credo, se prohíben los símbolos religiosos en las instituciones, incluido que las mujeres lleven hiyab en estas. Pero la realidad es otra, el 99% de la población es musulmana, sin connotaciones. Su credo no resulta nada invasivo para el visitante, y ni te prohíbe ni te impone nada.

Como dice JJ Baños, Turquía es un pueblo salpicado –más que impregnado- por un Islam que es casi siempre un ejemplo de moderación y tolerancia, perfectamente compatible no solo con la democracia y el multipartidismo sino también con un laicismo institucional superior al de España.

Interior mezquita en Edirne

La importancia de la identidad nacional es algo que también queda patente en todas las ciudades. Visualmente se manifiesta en la profusión de banderas turcas que encuentras en cualquier sitio y sin ningún pretexto necesario. Y, por supuesto, en la imagen de Mustafá Kemal Atatürk -constructor de esa identidad nacional turca- que te sale al encuentro en cualquier rincón de cualquier ciudad.

EDIRNE, LA PRIMERA CIUDAD DE LA D100

Estambul, de la que ya os hablé en mi anterior entrada, no fue la primera ciudad turca en la que durmió La Chiquitina -mi Royal Enfield – fue Edirne, en la que me detuve un par de días.

Mi primera impresión de Turquía la tuve en esta ciudad, impresión que mantengo sobre este país después de haberlo recorrido de un extremo al otro. Me pareció una ciudad luminosa, sobre todo por sus habitantes, siempre atentos y cercanos.

Edirne -y lo digo ahora que ya lo puedo contrastar- no tiene nada que envidiar a Estambul, de hecho, también fue capital del Imperio Otomano, lo que ha dejado en sus calles preciosas construcciones de enorme interés histórico y arquitectónico.

Mucho más asequible por sus dimensiones, te pateas con facilidad sus calles y avenidas. La avenida principal recuerda mucho a la de Istikal en Estambul, y eso lo supe después ya que, en ese momento, aún no la conocía.

          LAS MEZQUITAS DE LA CIUDAD

Llegué un poco a ciegas a Edirne, aunque pronto pude constatar la importancia histórica de la ciudad a través su imponente arquitectura, civil y religiosa, que te sale al encuentro a cada paso.

Exterior Mezquita de Selimiye

La cúpula monumental y los cuatro esbeltos minaretes de la Mezquita de Selimiye los ves desde cualquier parte de la ciudad, no en vano es el edificio más emblemático y reconocible de Edirne. Construida en el siglo XVI es para muchos la obra maestra del arquitecto Mimar Sinan, y es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2011.

Interior y detalle de la cúpula de la Mezquita de Selimiye

Forma parte de un complejo o külliye -al igual que muchas de las mezquitas que vi posteriormente en Estambul- que incluía: madraza, biblioteca, escuela, sala de cronometradores y arasta o calle de tiendas.

Parte trasera de Selimiye, con edificio adyacente del complejo

Muy diferente a la de Selimiye es la Mezquita de Eski, el edificio otomano más antiguo de la ciudad, de principios del XV.

Exterior de la Mezquita de Eski

Me encantó su simplicidad arquitectónica y me parecieron sorprendentes los arcos y las caligrafías con versos coránicos de su interior.

Interior Mezquita de Eski

Entre las dos mezquitas anteriores -no solo en el espacio sino también en el tiempo- está la de Uç Serefeli, de mediados del siglo XV. En su estilo y arquitectura ya se percibe una transición hacia el esplendor otomano que materializó, y difundió por todo el imperio, el arquitecto Mimar Sinan.

Minaretes de Uç Serefeli

Me llamaron especialmente la atención sus cuatro minaretes, todos distintos. Uno de ellos, tiene tres balcones – uç serefeli en turco- y es el que le da su nombre a la mezquita.

          HAY MUCHO MÁS EDIRNE

Me dejé mucha ciudad por ver, pero, aún así y todo, en mi deambular por calles me crucé con no pocas cosas de interés.  Más construcciones del arquitecto Sinan como el Caravanserai Rüstem Pasha -convertido en los años 70 en un hotel- o uno de los tres bazares que hay en la ciudad, el Bazar Alí Pasha. Y ¡cómo no! Un museo dedicado a Mustafa Kemal Atatürk, que en algún momento de su historia se alojó en el antiguo ayuntamiento, hoy museo, de la ciudad.

Y colmados y tiendas ¡de todo tipo! ¡No os imagináis lo que bendigo cada día hacer este viaje en moto! Si me cupiera ¡ya me habría comprado el mundo! Así que, me limito a mirar y admirar ¡qué no es poco! Bueno, un poco de queso blanco, tipo feta -para consumo inmediato- si que compré, que es la especialidad local. ¡Muy rico! por cierto…

Antes de continuar la ruta en la D100, os dejo un video con los paseítos y visitas de Edirne, por si queréis conocer más de esta ciudad tan chula.

EN BOLU

Cuando dejé atrás Estambul, mi primera parada fue Bolu, en la región del Mar Negro, una ciudad situada en el centro del corredor comercial que une Ankara y Estambul. La provincia, y no muy lejos de la ciudad, es conocida por sus bosques, lagos y parques naturales.

Pernocté en el Bolu Suit Otel, un hotel impecable y con una ubicación extraordinaria, a tiro de piedra de cualquier cosa que me apeteció en cada momento.

Atatürk, imprescindible, y calle céntrica de Bolu

Llegué al mediodía, y en mi recorrido hasta el hotel me pareció una ciudad muy moderna, pero con historia; y muy movida -su universidad recoge a estudiantes de toda la región- aunque muy tranquila a cualquier hora del día, lo que me permitió callejearla con gusto.

Acabando el día con un té frente a la mezquita

Aunque en este punto del viaje ya había visto muchas mezquitas, no pude resistirme a adentrarme en una de las varias que me crucé por la ciudad, la Mezquita Yildrim Beyazid, otomana del siglo XV, muy luminosa y, como todas, cuajada de detalles ornamentales ¡imperdible!

Tuve un guía de excepción que me detalló los pormenores del templo, eso sí, ¡en turco! No conseguí que comprendiera que no le entendía, pero fue tan amable conmigo que escuche con atención, que no con comprensión, todo su relato.

Interior de la Mezquita Yildrim Beyazid

Y como en toda Turquía, comercio ¡el qué quieras! Pero en la única ciudad que vi vendedoras de setas fue en Bolu, te las encontrabas en cualquier calle. Cuando estuve allí era la temporada de setas y, con tanto bosque cercano, las había en abundancia ¡vaya pintón que tenían!

UN PUENTE EN OSMANCIK

Ubicada a ambas orillas del río Kizilirmak, Osmancik fue una gran sorpresa. Llegué a ella entre arrozales que se sirven del agua del inmenso río que la atraviesa. Por un momento, el paisaje era más valenciano que turco.

Luego supe que la zona produce un elevado porcentaje del arroz que se consume en Turquía, y eso ¡no es poco! sobre todo, teniendo en cuenta que este ingrediente acompaña la mayor parte de los platos de su gastronomía.

No permanecí mucho tiempo en Osmancik, el justo para dormir y darme un paseíto que me llevó hasta un extraordinario puente, el Puente de Koyunbaba. Esta hermosa construcción de sillería data del siglo XV, y es el puente de arcos más largo construido en Turquía durante el Imperio Otomano.

Puente de Koyunbaba

EL QUESO DE ERZINCAN

Llegué a Erzincan después de pernoctar la noche anterior en Resadiye, en un extraño hotel termal cerca de la ciudad del que mejor me ahorro el relato. Nada que ver con el Hayat Home Suit, un estupendo aparthotel en el que me instalé un par de días en esta ciudad.

Os hablo de esta ciudad sobre todo porque quiero hablaros de un queso que me llamó muchísimo la atención, el Tulum Peyniri, una variedad autóctona que hace especialmente conocida a esta ciudad.

Piezas de queso Tulum

Tradicionalmente, este queso lo elaboraban los pastores con leche cruda de oveja para hacer acopio de reservas durante el invierno. Se pone a madurar en bolsas de piel de cabra o tulum donde puede permanecer de 3 meses hasta 2 años, y donde desarrolla su intenso aroma y fuerte sabor. ¡Un autentico hallazgo! ¡Delicioso!

UNA BODA EN ERZURUM

Hasta que vi una boda, no fui consciente de que todavía no había visto ninguna en Turquía, y eso que, en casi todas las ciudades pude ver un montón de tiendas de moda y artefactos nupciales.

Y fue aquí, en Erzurum, donde en uno de mis paseos me topé con una pareja de recién casados en la escalinata de una mezquita.

Aunque también es cierto que, sin haberla visto, sí que había escuchado con anterioridad una boda. Creo que fue en Osmancik donde, desde mi hotel, escuché un tiroteo persistente. Ante mi cara de asombro, me explicaron que era una boda, y que es costumbre disparar al aire en estos eventos.

Es una peligrosa tradición con la que Turquía quiere acabar, de hecho, está prohibido desde el año 2010, aunque con poco éxito. Todavía son demasiados los incidentes, incluso mortales, que se producen con las balas perdidas… ¡bodas de sangre que ni las de García Lorca!

Volviendo a Erzurum. Es la ciudad más grande de la Anatolia Oriental y cuando se cubre de nieve, es el destino más popular en Turquía para los deportes de invierno. Con cerca de 90.000 estudiantes, tiene una de las universidades públicas más importantes del país, la Universidad Atatürk. Estas tres cosas, marcan el carácter y el ritmo de esta ciudad.

Tiene un patrimonio arquitectónico espectacular, muy distinto al otomano al que la ruta turca me tenía acostumbrada.

Yacutia Madrasa

La Yacutia Madrasa, de estilo armenio y del siglo XIV, destaca por la decoración geométrica de su minarete cubierto de azulejos. Fue una escuela coránica y actualmente es un museo.

Cerca de la anterior, está la Madrasa Cifte Minareli o de los dos minaretes, del periodo selyucida y del siglo XIII. Es una construcción extraordinaria de piedra ladrillo y azulejos de Anatolia.

Cifte Minareli

Son imperdibles también Ulu Cami, mezquita del siglo XII, y Üç Kümbetler, tres mausoleos del XII y el XIV que están justo detrás de las madrasas.

Ulu Cami y detalle de mausoleo

EN DOğUBAYAZIT: EL MONTE ARARAT, UN PALACIO Y UN FOTÓGRAFO

Tenía previsto ir del tirón desde Erzurum a Doğubayazit, pero finalmente hice noche en Ağri para tener un día más antes de entrar en Irán. No quería cruzar la frontera en viernes, que está todo cerrado y yo necesitaba cambiar dinero inmediatamente ya que mis tarjetas de crédito no las iba a poder utilizar en Irán.

          EL MONTE ARARAT

Lo bueno de la parada en Ağri, es que me permitió llegar temprano a Doğubayazit, ciudad situada a las faldas del pico más alto de Turquía, el icónico Monte Ararat con sus 5.137 metros de altura ¡qué emoción!

El monte Ararat, cubierto de nubes

Ese rincón de Turquía es fronterizo con Armenia e Irán y tiene una importante población kurda. El lugar ha sido a lo largo de la historia una encrucijada de culturas y conflictos de los que el Monte Ararat ha sido testigo impasible.

Como dice Rafael Solana en un precioso, e imperdible, articulo de Altair Magazine:

La montaña sigue ahí, sin saber que los europeos la llamamos Ararat, los turcos Agri Dagi (que significa “Montaña del Dolor”), Marsi los armenios, Çiyaye Agiri los kurdos y los persas Kuh-e-Nun. Nadie ha podido deportarla, masacrarla, humillarla. Siempre emergiendo de las aguas de todos los diluvios.

Y es que, según el Antiguo Testamento, el monte Ararat es el lugar en el que se posó el Arca de Noé después del Diluvio Universal. No hay evidencias, solo ese testimonio, aunque sí que hay intereses que no han cesado de buscar los restos del arca en la montaña.

De hecho, existe allí el Parque nacional del Arca de Noé, situado en el lugar donde se entiende que están fosilizados los restos del arca.

          EL PALACIO ISHAK PASHA

Cinco kilómetros antes de llegar a Dogubayazit, me detuve a echar un vistazo al Palacio de Ishak Pasha pensando que serian unas ruinas que en un pis pas las tenía vistas. ¡Y me quedé atónita! No solo por la impresionante construcción, sino por el lugar en el que estaba.

La Chiquitina con el Palacio al fondo

Construido en la cima de una colina, las vistas desde allí de la llanura donde está la ciudad son de cortar la respiración.

El palacio, es la última gran estructura monumental del Imperio Otomano, Fue construida en el siglo XVII y es el segundo en importancia después del Topkapi de Estambul.

Exteriores del Palacio de Ishak Pasha

Pasé un par de horas en el interior y bien podría haberme quedado el día entero. Tiene una curiosa mezcla de estilos y los patios, en torno a los cuales estaban las estancias, han sido acristalados para protegerlos.

Interior del Palacio de Ishak Pasha

          Y ¡UN GRAN FOTÓGRAFO!

Cuando salí del palacio, me quedé en el exterior contemplando el valle y empecé a charlar con un chico que sintió curiosidad por mi presencia, y la de La Chiquitina, en aquel lugar.

Era un tipo encantador, fotógrafo, profesor y con un potente proyecto con niños refugiados kurdos. Justo esa semana le concedían una medalla por su trabajo con los niños.

Su nombre, Mehmet Özcan, y no se me ocurre mejor manera de terminar este post sobre Turquía que con un turco extraordinario. Al final, los lugares acaban siendo las personas que los habitan, a pesar de sus gobernantes.

Os dejo su Instagram para que disfrutéis de sus fotos y de su trabajo.

¡Y no olvides echar gasolina para mis kilómetros solidarios!

¡DONA! LO DEMÁS VIENE RODADO…

¡Hola!

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Soy Marta Insausti: LA MOTERA. Mujer, 55 años, madre de 2 hijos, la séptima de ocho hermanos, madrileña, peleona, aventurera y empresaria.

Mostrando los 10 comentarios
  • Loreto Martínez
    Responder

    Querida Marta.
    gracias de nuevo por esta ‘perla’ de crónica, me haces pasar un buen rato leyéndola y viéndote en video, hasta me das algo de envidia, a mí que no soy nada aventurera.
    Imagino ahora estarás en India, algo me han contado del complicado paso por Pakistán, espero que estés disfrutando ahora de un poco más de paz.
    Le he pedido a los Reyes Magos gasolina para tus kilómetros solidarios. Como creo que he sido buena, estoy segura que lo harán.
    Por ahora desearte que, allá donde estés, pases una Feliz Navidad y que el nuevo año te dé salud y fuerzas para terminar exitosamente esta apasionante aventura, estoy segura que así será.
    Un beso muy fuerte. Lore

    • Marta
      Responder

      Gracias a tí por leerlo con tanto entusiasmo y dedicar tiempo a mis aventuras. Paso Nochebuena y Navidad en la Fundación Vicente Ferrer y el 26 vuelvo a la carretera, me va a costar un poco despues de una semana maravillosa aquí.
      Gracias por esa carta a los Reyes, que por cierto me los crucé por el desierto de Pakistán, seguro que cumplen tus deseos.
      Yo también te deseo una Feliz Navidad y para el nuevo año mucha salud y alegría.
      Un beso para toda la familia y uno especial para tí.

  • David
    Responder

    Qué pasada de crónica, Marta. La he disfrutado mucho. Casi tengo el sabor de los quesos en la boca. Tengo un yerno turco, así que espero conocer algo de eso en directo algún día.

    • Marta
      Responder

      ¡Ya estás tardando en ir! ¡Te va a encantar!
      Gracias por leerme y acompañarme 🙂
      Un abrazo

  • ana
    Responder

    Marta querida, no veas que orgullosa me siento hablando de ti y de tu viaje.
    Que sigas bien y feliz.
    ( Y después de estos reportajes tan estupendos me entran ganas de seguir tus huellas y volver a Turquia. )
    Un abrazo grande

    • Marta
      Responder

      Muchas gracias Ana.
      No sabes cuanto me acuerdo de ti con el inglés, soy un autentico desastre, jajaja.
      Pues no te lo pienses dos veces y pon rumbo a Turquía.
      Un beso muy fuerte y feliz 2020, que la salud y la legría te acompañen.

  • Txomin
    Responder

    Aupa Marta!
    En tu espejo veo los ideales hacia los que me gustaría enfocarme con mas dedicación. Tu fuerza es un empuje para emprender y lanzarse hacia los demás. EZKERRIK ASKO.
    Colaboro con la FVF / RDT y ya habrás comprobado cómo se aprovechan los recursos por allí. Podemos aprender mucho de ellos, a que si.
    Ah, si pasas por kerala, te puedes alojar unos días en el ashram de Amma en Amritapuri; un lugar muy interesante desde donde también se hace una obra social muy bonita, siempre pensando en el desarrollo de la gente más necesitada.
    DIVIÉRTETE ! la India es………………………………………………..

    MUCHO ANIMO MAJA !!!

    Txomin

    • Marta
      Responder

      Encantada Txomin, gracias por tus palabras.
      Sí, la FVF/RDT es un ejemplo de gestión y aprobechamiento de recursos. Es inimaginable lo conseguido.
      Una pena que no paso por Kerala, seguro que el sitio del que me hablas es un lugar maravilloso.
      Las experiencias que estoy viviendo en India son inolvidables.
      Un fuerte abrazo y a por el 2020 que está enterito por escribir.
      Agur.

  • Alvaro Sánchez Martínez-Gabilán
    Responder

    ¡Que disfrute!
    Da gusto ver como vives tu experiencia, el ánimo que rezumas y disfrutar de tus excelentes ‘Blog’. Parece que estamos compartiéndolo contigo, estupendos reportajes gráficos y una Marta literaria desconocida par mí, muy buena por cierto.
    Me alegro que todo, hasta salir de Turquía, se haya desarrollado sin grandes incidencias, aunque me preocupa leer que en adelante ha podido haber inconvenientes, espero que ahora estés de nuevo en recorridos tranquilos.
    Te tengo muy presente. De hecho escribí dos comentarios que no he visto reflejados, algún fallo debí cometer en el envío.
    Un abrazo y todo el ánimo para tí, que más pareces que eres tú la que nos animas. Eres incombustible, y por cierto espero que te lleguen unos Reyes tardíos para completar tu depósito.
    Las CPS no son lo mismo sin tí, y no digamos el sector Publicitario lo que ha perdido.

    • Marta
      Responder

      Querido Alvaro que alegría saber de tí.
      La Marta Literaria tiene ayuda externa sin la cual sería imposible estas entradas tan maravillosas, detrás de las cuales hay un trabajo de investigación para aportar rigor a todo lo que yo voy intuyendo por mis vivencias y conseguir un hilo conductor que las haga realmente interesantes y de calidad. Mi querida amiga Clara Ferrús está detras de tan maravillosos post.
      Actualmente estoy en la India, llevo aquí casi dos meses. Muchas cosas vividas y ya de camino a Myanmar donde cruzaré la frontera el día 28 de enero.
      No te adelanto nada para que sigas esperando con impaciencia los siguientes post.

      Un beso muy, muy fuerte.

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